Como empresas instaladoras y mantenedoras de protección contra incendios, nos ha golpeado especialmente la noticia del incendio en la discoteca-bar “Le Constellation”, del que se han reportado decenas de fallecidos y numerosos heridos. Más allá del impacto emocional —por la juventud de muchas víctimas—, vuelve a abrirse un debate público inevitable: qué falló, qué se pudo prevenir y cómo se compara la realidad de cada país en materia de seguridad y control.
Desde nuestra experiencia en PCI, hay una idea que no admite demasiadas vueltas: cuando las medidas son exigentes y los controles se aplican de verdad, la seguridad aumenta. Y cuando la normativa se queda corta o las inspecciones son insuficientes (o no se realizan con la regularidad y rigor necesarios), el riesgo de incendios graves y de víctimas se dispara. Basta con mirar dónde se repiten los siniestros más trágicos para entender que la prevención no es un trámite, es una política pública y una responsabilidad compartida.
Por eso creemos que gobiernos y administraciones deben reforzar dos frentes a la vez: mejorar y actualizar la legislación cuando haga falta, y sobre todo hacerla cumplir con una labor inspectora eficaz, constante y técnicamente solvente. Las normas sirven si se verifican en campo: salidas y evacuación, señalización, detección, alarma, extinción, mantenimiento real y documentación al día.
En paralelo, hay un punto que nos parece claro: el uso de pirotecnia en interiores no debería ser aceptable en ningún recinto. Si se permite o se tolera, se está asumiendo un nivel de riesgo incompatible con la seguridad pública. Y cuando se incumple, la respuesta no puede quedarse en una simple “infracción administrativa”: debe tratarse con la gravedad que corresponde.
Y no olvidemos otra pieza clave que casi nunca ocupa titulares: la formación. La prevención no empieza el día de la inspección; empieza mucho antes, en la cultura de seguridad de la población. Quien tiene capacidad de incorporar formación básica en autoprotección y actuación ante emergencias durante la enseñanza obligatoria —y no lo hace— está renunciando a una herramienta preventiva de enorme impacto.
En PCI, lo vemos cada día: la combinación de normativa clara, inspección efectiva, instalaciones bien ejecutadas y mantenidas, y formación, salva vidas. Y ese tiene que ser el enfoque cuando el debate se enfría y toca pasar de la conmoción a las decisiones.
Ojalá la Administración tome buena nota y dedique más presupuesto a Inspecciones de Seguridad Industrial para salvar VIDAS.
Excelente el trabajo del Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes OPRA Más info aquí
